In Venezuela, Oil Sows Emancipation [Venezuela: Petróleo sembrando emancipación]

Los datos divulgados recientemente por el Banco Central de Venezuela (BCV) confirman que la economía venezolana exhibió un crecimiento de 10,2% en el cuarto trimestre de 2005 en relación con el mismo período del año anterior, acumulando la novena alza consecutiva a partir del último trimestre de 2003.  El resultado final del PIB en 2005 tuvo un crecimiento de 9,3%.

Así como en las otras ocho ocasiones anteriores, el fuerte incremento fue impulsado fundamentalmente por las actividades no relacionadas con el petróleo: construcción civil (28,3%), comercio (19,9%), transporte (10,6%) e industria manufacturera (8,5%).  El sector petrolero tuvo un incremento de 2,7%.  Según informe del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el desempleo en diciembre de 2005 fue de 8,9%, dos puntos porcentuales abajo del mismo mes del año 2004; la reducción equivale, en términos absolutos, a 266 mil personas. En el año, la inflación acumuló 14,4% contra los 19,2% de 2004.  Las tasas de interés nominal bajaron a 14,8%.

Dichos resultados ratifican las expectativas del Ministerio de Finanzas y contrarían las todavía pesimistas previsiones de los “periodistas económicos” de la oposición, que persisten con la idea del “rebote estadístico”.  Esta denominación fue inventada en junio de 2004 como explicación del crecimiento de la economía: el PIB estaría subiendo como reflejo meramente numérico de la caída de los períodos anteriores.  Se trataría de un caso fantástico, y hasta hoy desconocido, de una pelota que cae en el piso y, como respuesta física al impacto, empieza a subir sin parar. Comentando un alza más en la economía, el ministro de Planificación y Desarrollo, Jorge Giordani, declaró irónicamente: “Continúa el rebote productivo . . . la práctica y los numeritos desmintieron las voces agoreras de la oposición política. Los juicios políticos disfrazados de tecnicismos económicos quedaron desnudados ante la nueva realidad”.

Se ha demostrado que una de las herencias del período neoliberal es el desprecio por el proceso histórico.  La estrategia inmediatista, de corto plazo, la razón del sistema financiero: virtual, atemporal, despegada de la realidad, ficticia.  Esta podría ser una de las explicaciones para que “analistas” ortodoxos consideren el gobierno Chávez como responsable por los malos resultados de la economía entre 1999 y 2003, período que intentan rotular como el “quinquenio perdido”.  Frente a esto, es oportuno recordar: Hugo Chávez justamente ganó las elecciones presidenciales de diciembre de 1998, en gran medida, porque Venezuela enfrentaba su más catastrófica crisis económica, política, social, institucional y moral, después de 40 años de alternancia en el poder de los partidos AD y COPEI.  El país y el pueblo agonizaban como efecto de la corrupción, el despilfarro y la perversidad de la IV República (1958-98).

Venezuela, que muy poco o casi nada supo beneficiarse de los dos choques del petróleo, de 1973 y 1979, venía hundiéndose en una situación cada día más complicada desde el inicio de los años ochenta.  Según Domingo Maza Zavala, uno de los directores del BCV, solamente entre 1976 e 1995, el país recibió cerca de 270 mil millones de dólares de ingresos petroleros, equivalentes a veinte veces el famoso “Plan Marshall”.  Paradójicamente, el saldo total de la deuda pública externa venezolana se duplicó entre 1978 y 1982. Este es un claro ejemplo de la dinámica dilapidadora y salvaje de la llamada “Venezuela Saudita”.

En el principio de los años noventa, con el “Gran Viraje” y la “Apertura Petrolera” de Carlos Andrés Pérez, continuados por la “Agenda Venezuela” de Rafael Caldera y Teodoro Petkoff, el país fue entregado a los intereses del Fondo Monetario Internacional (FMI).  Se inició el acelerado proceso de destrucción nacional: reducción del papel del Estado en la economía, desinversión, desindustrialización, privatización de los sectores estratégicos y reducción de históricos derechos laborales. Entre otras, fueron privatizadas, e incluso desnacionalizadas, la Compañía Nacional de Teléfonos (Cantv), la Siderúrgica del Orinoco (Sidor), la Venezolana Internacional de Aviación S.A. (Viasa), instituciones financieras, centrales azucareras, astilleros navales y empresas del sector construcción.  En 1998, la entrega de PDVSA a los carteles internacionales ya estaba prevista.

Todo se hizo supuestamente a nombre de la reducción del déficit fiscal, del estímulo a la entrada de capitales extranjeros, la modernización de la industria nacional, mayores eficiencia, productividad y competitividad, rebaja de la inflación y disminución del desempleo.  Puro guitarreo semántico para disimular el Consenso de Washington y presentarlo con la dulzura de un canto de sirena. Menos de diez años después, organismos internacionales como la Cepal, el Banco Mundial, el FMI e, incluso, el Vaticano reconocieron el rotundo fracaso de dichas políticas.  Sin embargo, mucho antes de estas muy tardías conclusiones, el pueblo venezolano ya se había alzado y decidido trillar otro camino.  Esto fue demostrado en el Caracazo del 1989 y en las dos rebeliones cívico-militares del 1992 -el primer de ellos liderado por el entonces desconocido Comandante Chávez.  Estas insurrecciones, a diferencia de lo que sucedió en los demás países de nuestra región, frenaron en cierto grado la aplicación de la agenda neoliberal.

CUATRO ETAPAS DE LA ECONOMÍA EN EL GOBIERNO CHÁVEZ

La economía venezolana durante el gobierno de Hugo Chávez tiene cuatro etapas distintas y claramente definidas. Sostenemos, como resultado de un análisis que hemos realizado de forma permanente en los últimos cuatro años, que en cada uno de estos momentos — determinados hora por las acciones del propio gobierno, hora por las reacciones de la oposición al proceso de cambios — se verificaron diferencias considerables en la dirección de las políticas fiscal, monetaria y cambiaria del país.

En 1999 el PIB venezolano cayó 6%, fruto de la gravísima situación económica y de la campaña de chantaje emocional promovida en contra del presidente recién electo por los grandes medios de comunicación, históricamente comprometidos con los intereses extranjeros.  Recordemos que Maritza Izaguirre, ministra de Finanzas de Caldera, permaneció en esta función durante los primeros nueve meses del nuevo gobierno.  La retracción de la economía es reflejo natural de este momento de adaptación, de la tendencia decreciente verificada desde el tercer trimestre de 1998 y de la bajísima cotización internacional del petróleo, cerca de los 9 dólares en aquel entonces.

La recuperación de los precios del crudo –fruto directo de las acciones del Gobierno Chávez — y las políticas fiscal y monetaria expansionistas marcaron el inicio de una nueva etapa.  Durante los años 2000 y 2001 el PIB acumuló alzas de 3,7% y 3,4%, respectivamente.  En estos ocho trimestres el PIB no-petrolero creció en promedio 4%, mientras el PIB petrolero se elevó solamente en 1,2%.  Se verificaron caídas en el desempleo, en el índice de precios al consumidor y las tasas de interés; con consecuente aumento del crédito, del consumo y del PIB per cápita.

Entre la toma de posesión de Hugo Chávez, en febrero de 1999, y mediados del año 2002, los sectores oligárquicos, asociados a los intereses extranjeros sobre el petróleo, tuvieron una postura prudente.  El estallido de insatisfacciones se dio justamente a fines del 2001, cuando el gobierno presentó un paquete de leyes que buscaban implementar profundos cambios estructurales en los principales sectores de la economía: estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA); leyes de hidrocarburos líquidos y gaseosos, de tierras, del sistema financiero, del impuesto sobre la renta, de las cooperativas.

Allí empezó la tercera fase; una batalla que duró aproximadamente un año y medio.  Entre el final de 2001 y febrero de 2003 ocurrió de todo en Venezuela: el paro patronal en diciembre de 2001; el golpe de estado promovido por la CIA en abril de 2002; las conspiraciones y el “sabotaje petrolero” entre el ultimo trimestre de 2002 y febrero de 2003.

El resultado previsible: la economía venezolana cayó 8,9% y 7,7% en los años 2002 y 2003, respectivamente.  Fueron derrumbes similares a una economía de guerra.  El resultado sorprendente: Hugo Chávez salió más fortalecido de la crisis.  Después del golpe de estado, quedaron evidenciados y desmoralizados los sectores golpistas de las fuerzas armadas.  Con la sádica arremetida contra PDVSA, se demostró el carácter antinacional y desesperado de la clase privilegiada, que se sentía amenazada por las acciones nacionalistas del gobierno.  La conspiración manejada desde Washington provocó el derrumbe de la producción petrolera de los 3 millones de barriles diarios a 25 mil, frenando el aparato productivo y provocando la quiebra de centenares de empresas.  En el primero y el segundo trimestres de 2003, el PIB cayó 15% y 25%, respectivamente.  En total, fueron siete trimestres consecutivos de caída de la economía, de la renta per cápita, de las reservas internacionales; acompañados por la elevación del desempleo a 20,7%, de la inflación a 27,1% y las tasas de interés a 22%.

Ya en el tercer trimestre de 2003, empezó la cuarta y actual fase de la economía venezolana en el gobierno Chávez: la reactivación.  Para comprender la magnitud de la recuperación es necesario interpretar la dimensión de los desastres de 2002 y 2003.  Hoy, por ejemplo, la formación bruta de capital fijo — la acumulación adicional de bienes de capital — alcanza el 24,2% del PIB total. En medio a las conspiraciones de 2003, llegó a caer al 14,0%.  Venezuela recién ahora reempieza a caminar.

¿POR QUÉ CRECE LA ECONOMÍA VENEZOLANA?

La efervescencia de la economía venezolana es fruto directo, pero no exclusivo, de la expansión de los precios del petróleo para un promedio de 57,4 dólares por barril tipo brent (diciembre de 2005).  Los hidrocarburos son y continuarán siendo por muchos años un poderoso instrumento de soporte de la economía.  Pero, entonces, ¿qué hay de nuevo en Venezuela?

Lo novedoso es que definitivamente el país está sembrando el petróleo en los sectores productivos de la economía, como rogó Arturo Uslar Pietri hace 70 años.  Parte de los ingresos petroleros son utilizados como fuente de financiamiento para la estructuración y el fortalecimiento del mercado interno — desarrollo endógeno — , para un proceso soberano de industrialización y la definitiva independencia económica.  El petróleo significa un arma para la superación de la economía rentista, improductiva e importadora, establecida desde poco antes de los años 1920, cuando empezaron las explotaciones del “excremento del diablo” en el Lago de Maracaibo.

La siembra de petróleo se hace posible especialmente a través de siete mecanismos: (1) la modificación de la ley de hidrocarburos y el aumento de las regalías cobradas por el gobierno a las transnacionales petroleras; (2) la adopción del control de cambios a principios del 2003, que aumentó las reservas internacionales de 15 mil a 30 mil millones de dólares y posibilitó la aplicación de otras medidas; (3) la nueva ley del banco central y la creación del Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN), que ya cuenta con un monto de casi 9 mil millones de dólares; (4) el nuevo enfoque del máximo órgano de recaudación de tributos, el SENIAT, que este año aumentó en un 60% la recolección de impuestos — sobre todo de las grandes empresas nacionales y transnacionales, históricamente morosas y evasoras; (5) el amplio plan de inversiones publicas en la plataforma de industrias básicas, con su consiguiente efecto multiplicador y acelerador de la inversión privada en el sector transformador de insumos básicos en productos de mayor valor agregado; (6) el aporte en 2005 de cerca de 5 mil millones de dólares a las Misiones Sociales, como mecanismo de emergencia para pagar la inmensa deuda social acumulada, disminuir el desempleo y combatir la inflación, y (7) el trabajo del Ministerio de Agricultura y Tierras (MAT) por rescatar y activar productivamente un millón y medio de hectáreas de latifundios improductivos, fortaleciendo el Plan de Siembra 2006 e incorporando a miles de campesinos y trabajadores al proceso productivo.

Estos siete dispositivos permiten que, a pesar del fuerte crecimiento de los precios del petróleo, desde 2004 el PIB no-petrolero haya crecido a tasas significativamente más elevadas que el PIB petrolero, evidenciando el impacto positivo de las exportaciones de petróleo sobre las actividades no relacionadas directamente con el crudo.  Mientras en el segundo trimestre de 1999 el PIB no-petrolero significaba un 70,5% del PIB total, hoy representa un 76,0%.  En el mismo período, la participación del PIB petrolero en el PIB total fue reducida de un 20,1% a un 14,9%.

Aun más significativa es la aceleración del PIB manufacturero — la industria transformadora — entre el inicio de 2003 y hoy.  La manufactura fue el sector que más creció en el período, ultrapasando recientemente el PIB petrolero por primera vez desde 1997, fecha de inicio de la actual serie estadística del Banco Central de Venezuela.  La activación es verificada especialmente en los consistentes aumentos del consumo de electricidad, en las ventas de vehículos, cemento, productos largos para la construcción civil, hierro y aluminio.  Dentro de la industria manufacturera, las ramas de actividad económica que más crecieron son: la fabricación de vehículos automotores, remolques y semi-remolques (13,5%), la elaboración de alimentos, bebidas y tabaco (10,6%), la fabricación de cauchos y productos plásticos (10,3%) y la fabricación de maquinarias y equipos (7,0%).  La participación de la manufactura en el PIB total, que había sido comprimida a 14,7% durante el “sabotaje petrolero”, actualmente llega a 16,7% con tendencias crecientes.  Tales resultados deben mejorar aun más cuando se hagan sentir los impactos del “Acuerdo Marco para la Reactivación Industrial y la Transformación del Modelo Productivo” y del “Decreto para el Suministro de Materias Primas al Sector Transformador Nacional”, que buscan reducir las exportaciones primarias y garantizar insumos básicos como aluminio, hierro, acero, madera, a los productores venezolanos.  Desde principios del año 2003 se ha verificado la reducción de las importaciones de bienes para el consumo final del 37,6% al 24,2% del total importado, acompañada por un aumento de las adquisiciones de bienes para la formación bruta de capital fijo, del 12,3% al 25,7% del total. Es decir, Venezuela ha invertido sus recursos en la obtención de maquinarias, componentes y equipos que posibiliten el proceso de industrialización soberana en marcha.

Los dólares del FONDEN han sido reservados para el financiamiento de planes estratégicos de desarrollo en sectores como: industrias básicas, petróleo, gas, infraestructura, transportes, vivienda.  Dentro de estos lineamientos se crean empresas y se desarrollan proyectos como la nueva siderurgia venezolana para la producción de aceros especiales, una fábrica de tubos petroleros sin costura, tres nuevas refinerías de petróleo, diez aserraderos de madera, las plantas de cemento, de concentración de mineral de hierro, de laminación de aluminio, de pulpa y papel y muchos otros.  Además de eso, recientemente fue aprobado crédito de 750 millones de dólares del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para aportar a la construcción de la central hidroeléctrica Tocoma.  En total, solamente el Sistema Eléctrico Nacional recibirá inversiones que se aproximan a los 3 mil millones de dólares en 2006.

Todos estos planes han sido dirigidos por el Estado venezolano, que controlará por lo menos el 51% de estas iniciativas, aunque muchas serán concretadas a través de asociaciones estratégicas con otros países o con inversionistas privados, nacionales o extranjeros.  Las metas son estrechar relaciones internacionales especialmente con las naciones latinoamericanas, con China, España, India, Irán e Italia, obedeciendo a la orientación de construir la Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) y de contribuir para la formación de un mundo multipolar.  Ejemplos de esto son el reciente lanzamiento de la refinería de petróleo Abreu e Lima, en el estado brasileño de Pernambuco, acordado entre PDVSA y Petrobrás; los acuerdos con Argentina para la construcción de embarcaciones petroleras por el Astillero Río Santiago; y la fábrica binacional de tractores Venirán Tractor, con el gobierno de Irán, que ya ha entregado las primeras 400 unidades.

Son diversas las iniciativas de asociación entre el Estado y el empresariado nacional, buscando reactivar el aparato productivo industrial y agrícola.  El objetivo es no solamente la recuperación de la actividad económica, sino crear las bases para abandonar el modelo rentista, sustentado en la dadiva del petróleo, y construir un nuevo modelo productivo, endógeno, con dinámica y vida internas, capaz de garantizar el crecimiento económico y el desarrollo nacional.  En marzo de 2005 fue creado el Ministerio de Industrias Básicas y Minería (MIBAM), justamente con la función de construir las bases para la industrialización soberana.

NUEVAS AMENAZAS Y ACCIONES DESESTABILIZADORAS

Es bastante esclarecedora la nota publicada en el diario venezolano “El Universal”, intitulada nada más nada menos que: “Se avecina recesión económica”.  El periódico reproduce la idea de que “la economía venezolana muestra las primeras señales de la inminente aparición de una etapa recesiva, debido al estancamiento del crecimiento del sector no-petrolero”, exactamente el revés de lo que demuestran las estadísticas, conforme lo explicado anteriormente.

Vuelven a la carga los mismos sectores antinacionales que sustentaron el paro patronal, el golpe de estado, el sabotaje petrolero y las permanentes conspiraciones contra el país.  El motivo de la nueva ofensiva está en el avance del profundo proceso de transformaciones y de distribución de renta e inclusión social, que tuvo efectos muy positivos en la actividad económica y en la vida política durante el 2005.  Las acciones del gobierno de extender la mano a los empresarios nacionalistas buscan una forma unificada de trabajar en torno a la activación de la industria y la agricultura, generando empleos y fomentando el desarrollo endógeno.  Además de esto, Venezuela viene ampliando sus relaciones internacionales con importantes países e hizo efectivo su ingreso al MERCOSUR.

Todas las previsiones indican que en 2006 la economía venezolana acumulará crecimiento cercano a los 6%, con consecuente progreso de los indicadores económicos y sociales.  Este es el mejor momento del gobierno desde su posesión y, con el planteamiento de Hugo Chávez de avanzar hacia el “socialismo del siglo XXI”, se diseña claramente un proceso de cambios estructurales aún más intenso.  Las próximas elecciones presidenciales serán realizadas en diciembre de este año y la evidencia de más una victoria de las fuerzas bolivarianas ha perturbado a la administración de la Casa Blanca y sus aliados internos.  Es posible que, ahogados en su progresivo aislamiento, jueguen otra vez a su tradicional alternativa de la violencia para interrumpir gobiernos democráticos y populares.  Por otro lado, así como en las ocasiones anteriores, las acciones orquestadas por el gobierno estadounidense deben encontrar la resistencia del pueblo venezolano, que a cada agresión refina su conciencia e incrementa su ejercicio de la democracia participativa y protagónica.

The data just released by the Banco Central de Venezuela (BCV) confirm that the Venezuelan economy grew at a cumulative 10.2 percent between the fourth quarter of 2004 and the fourth quarter of 2005.  This is the ninth consecutive increase since the last quarter of 2003.  Overall, in 2005, the gross domestic product (GDP) grew at 9.3 percent.

Just like in the previous eight quarters, the strong increase was fundamentally driven by activities not related to oil: civil construction (28.3 percent), domestic trade (19.9 percent), transportation (10.6 percent), and manufacturing (8.5 percent).  The oil sector had an increase of only 2.7 percent.  According to a report by the Instituto Nacional de Estadística (INE), the unemployment rate in December 2005 was 8.9 percent, two percentage points below the rate in the same period of 2004.  In absolute terms, this means 266,000 additional jobs.  Last year, the inflation rate reached 14.4 percent, but that was below the 19.2 percent rate in 2004.  The nominal interest rate went down to 14.8 percent.

These results bear out the expectations of the ministry of finance and belie the persistently pessimistic forecasts made by economic pundits of the opposition, who insist on the idea of a “statistical rebound.”  The term was invented in June 2004 as an explanation for the growth in the economy: the increase in the GDP was supposed to be an arithmetic illusion due to the depth of the fall in the previous periods.  But, by now, this would be a fantastic and unheard-of case of a ball dropping on the floor only to bounce back up and up, without signs of slowing down, in defiance of the law of gravity.  In a commentary on the economic expansion, the minister of development and planning, Jorge Giordani, said ironically: “The productive rebound continues . . . social practice and some modest figures have falsified the ominous desires of the political opposition.  Their political judgments, disguised as economic technicalities, have been exposed by the new reality.”

It has been shown that one of the legacies of the neoliberal period is the disdain for history: a shortsighted strategy that goes only as far as the horizon of the financial system, virtual, outside of time, detached from reality, fictitious.  That legacy could explain why the orthodox analysts view the Chávez government as responsible for the poor results in the economy between 1999 and 2003, a period they are trying to label as the “lost five years.”  Contrary to their view, let us remember: to a large extent, Hugo Chávez won the presidential elections of December 1998 because Venezuela was facing its most catastrophic economic, political, social, institutional, and moral crisis, after 40 years of power sharing between the traditional parties Acción Democrática (the socialdemocrats) and COPEI (the Christian democrats).  The country and the people agonized as a result of the rampant corruption, profligacy, and perversity of the Fourth Republic (1958-98).

Venezuela, which hardly benefited from the oil shocks of 1973 and 1979, was sinking, at a faster speed since the early 1980s.  According to Domingo Maza Zavala, currently a director of the BCV, between 1976 and 1995 alone, the country was awash with nearly 270 billion dollars in oil revenues, equivalent to twenty times the Marshall Plan.  Yet, the national foreign debt owed by Venezuela doubled between 1978 and 1982.  This illustrates well the dynamics of wastefulness and economic savagery of the so-called “Saudi Venezuela.”

In the early 1990s, with the “Great Turn” and the “Oil Opening” inaugurated by Carlos Andrés Pérez — continued by Rafael Caldera’s and Teodoro Petkoff’s “Agenda Venezuela” — the country was handed, tied and gagged, to the International Monetary Fund.  That was the beginning of an accelerated process of national destruction: the role of the public sector in the economy was reduced in size, physical capital was divested, the economy was de-industrialized, strategic sectors were privatized, and historical labor conquests were taken away.  Among others, the following companies were privatized and even de-nationalized: the Compañía Nacional de Teléfonos (Cantv), the Siderúrgica del Orinoco (Sidor), the Venezolana Internacional de Aviación S.A. (Viasa).   They extended a long list of financial institutions, sugar mills, naval shipyards, and companies in the construction sector.  In 1998, there were specific plans to submit PDVSA to the international cartels.

Everything was done, supposedly, in the name of lowering the budget deficit, encouraging the inflow of foreign capital, modernizing the national industry, attaining greater efficiency, productivity, and competitiveness, reducing inflation, and lowering unemployment — semantic trickery to sugarcoat the Washington Consensus and make it palatable.  Less than ten years later, international entities like the UN Economic Commission for Latin America (ECLAC), the World Bank, the IMF and even the Vatican recognized the spectacular failure of these policies.  However, long before their belated conclusions were made public, the Venezuelan people had already raised up and pursued an alternative.  Episodes of this uprising were the Caracazo in 1989 and the two civic-military rebellions in 1992 — the first one led by the then unknown commander Chávez.  These insurrections, unlike what happened in the other countries of our region, constrained to some extent the implementation of the neoliberal agenda.

FOUR STAGES IN THE ECONOMY DURING THE CHÁVEZ GOVERNMENT

Under the government of Hugo Chávez, the Venezuelan economy has gone through four different and clearly defined stages.  As the continuous analysis that we have been conducting in the last four years demonstrates, in each of these moments — sometimes determined by the actions of the government itself, sometimes by the reactions of the opposition to the changes in progress — the country has experienced sharp turns in the direction of its fiscal, monetary, and foreign-exchange policies.

In 1999, Venezuela’s GDP fell 6 percent as a result of the extremely deteriorated condition of the economy and of the campaign of emotional blackmail against the recently-elected president by the mass media which are historically connected to foreign interests.  Let us remember that Maritza Izaguirre, minister of finance under Caldera, remained in office during the first nine months of the new government.  The contraction of the economy was a natural reflection of this period of adaptation, combined with inertias that dated back to the third quarter of 1998, as well as the oil’s extremely low international price — close to 9 dollars per barrel at the time.

The recovery of the prices of the crude — direct fruit of actions undertaken by the Chávez government — and the expansive fiscal and monetary policies put in place marked the beginning of a new stage.  During the years 2000 and 2001, the GDP increases of 3.7 and 3.4 percent, respectively.  In these eight quarters, the non-oil GDP grew 4 percent on average, whereas the oil GDP only rose 1.2 percent.  There were verifiable drops in unemployment, the consumer price index and the interest rate, which led to an increase in credit, consumption and GDP per capita.

Between the inauguration of Hugo Chávez in February 1999 and by midyear in 2002, the oligarchy — connected to foreign interests in the oil sector — adopted a cautious stance.  The outbreak of discontent occurred by the end of 2001, when the government submitted a legislative package seeking to induce deep structural changes in the main sectors of the economy: the state company Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA); and laws encompassing liquid and gas hydrocarbons, land ownership, the financial system, income taxation, and the cooperatives.

Then the third phase began: a battle that lasted a year and a half, approximately.  Between the end of 2001 and February 2003, everything happened in Venezuela: the bosses’ lockout in December 2001; the coup d’etat promoted by the CIA in April 2002; conspiracies and the “oil sabotage” between the last quarter of 2002 and February 2003.

The foreseeable result: the Venezuelan economy fell 8.9 percent and 7.7 percent in 2002 and 2003, respectively.  This was a collapse akin to a war economy.  The surprising result: Hugo Chávez emerged stronger from the crisis.  After the coup d’etat failed, the coup participants in the armed forces were exposed and demoralized.  The sadistic attack against PDVSA demonstrated the anti-national and desperate nature of the privileged class, threatened as it felt by the nationalist actions of the government.  The conspiracy managed from Washington caused the collapse of oil production from 3 million barrels per day to 25,000, paralyzing production and triggering the bankruptcy of hundreds of companies.  In the first and second quarters of 2003, the GDP fell 15 percent and 25 percent, respectively.  Altogether, for seven consecutive quarters, the economy, the income per capita, and the international reserves fell — all accompanied by a rise of the unemployment rate to 20.7 percent, of the annual inflation rate to 27.1 percent, and of the interest rate to 22 percent.

But, the third quarter of 2003 ushered the beginning of the fourth and current phase of the Venezuelan economy in the administration of Hugo Chávez: the recovery.  To understand the magnitude of this recovery, consider the size of the disasters in 2002 and 2003.  Today, for example, the gross formation of fixed capital — the additional accumulation of capital assets –reaches 24.2 percent of total GDP.  In the middle of the 2003 conspiracies, it fell to 14.0 percent. Venezuela is just starting to walk again.

WHY IS THE ECONOMY GROWING?

This reinvigoration of the Venezuelan economy is direct — although nonexclusive — result of the increase in oil prices to an average of 57.4 dollars per barrel (Brent blend, December 2005).  The hydrocarbons are — and will continue to be for years to come — a pillar of the economy.  But, then, what else is news in Venezuela?

The novel thing is that definitely the country is sowing or planting oil in the productive sectors of the economy, as required by Arturo Uslar Pietri seventy years ago.  A portion of the oil revenues is used as a funding source to structure and strengthen the domestic market (“endogenous development”) and jumpstart a sovereign process of industrialization and definitive economic independence.  The oil provides an instrument in overcoming the rentier, unproductive, and importing economy already established by the 1920s, when the operations of the “devil’s excrement” began in the Lake Maracaibo.

In particular, the sowing of oil is being made possible through seven mechanisms: (1) the amendment to the hydrocarbons law and the increase in royalties received by the government from the transnational oil companies; (2) the adoption of controls over the exchange rate in early 2003, which doubled the international reserves (from 15 to 30 billion dollars) and made possible the implementation of further measures; (3) the new law governing the central bank and the creation of the Fondo de Desarrollo Nacional (FONDEN) with already a balance of almost 9 billion dollars; (4) the new approaches by the tax collection authority, the SENIAT, that increased tax revenues in 60 percent this year — mostly from large domestic and transnational companies, historically the deadbeats and evaders; (5) a broad plan of public investments in a platform of basic industries, with their consequent multiplier and accelerator effects on private investment in industries that transform basic inputs into products of higher value added; (6) the contribution in 2005 of nearly 5 billion dollars to the Misiones Sociales, as an emergency mechanism to honor the immense accumulated social debt, lower unemployment, and fight inflation; (7) the work conducted by the Ministry of Agriculture and Land (MAT) to rescue and reactivate the production of a million and a half hectares of unproductive large estates, strengthening the 2006 Sowing Plan and incorporating thousands of farmers and workers into the productive process.

These seven mechanisms account for the fact that, since 2004 and in spite of the strong growth in oil prices, the non-oil GDP grew significantly faster than the oil GDP, demonstrating the positive impact of oil exports on activities not directly related to crude extraction.  While in the second quarter of 1999 the share of non-oil GDP was 70.5 percent of total GDP, today it stands at 76.0 percent.  And, partly as a result, in this period, the share of the oil GDP in total GDP shrunk from 20.1 percent to 14.9 percent.

Even more significant is the acceleration in the manufacturing industry between early 2003 and the present.  Manufacturing was the sector that grew the fastest in the period, recently surpassing oil GDP — for the first time since 1997, starting year of this statistical series at the BCV.  This dynamism can be verified especially by the consistent increases in electricity consumption, automotive vehicle sales, cement, durable products for civil construction, iron, and aluminum. Within the manufacturing industry, the branches that grew fastest are: automotive vehicles, trailers, and semi-trailers (13.5 percent); food, drinks, and tobacco (10.6 percent), rubbers and plastic products (10.3 percent), and machinery and equipment (7.0 percent).  The share of manufacturing in total GDP, which shrunk to 14.7 percent during the “oil sabotage,” is now reaching 16.7 percent with a momentum to grow briskly.  These results will be improved upon when the full impact of the “Agreement/Framework for the Recovery of the Industry and Transformation of the Production Model” as well as the “Decree for the Provision of Inputs and Raw Materials to the National Manufacturing Sector” are felt.  These policy instruments seek to limit the exports of raw materials and to guarantee basic inputs — like aluminum, iron, steel, and wood — to the Venezuelan producers.  From early 2003, the share of final consumption goods in total imports has gone down from 37.6 percent to 24.2 percent, accompanied by an increase in the acquisition of goods devoted to gross capital formation from 12.3 percent to 25.7 percent of the total.  That is to say, Venezuela has invested its foreign exchange in purchasing machinery, parts, and equipment that make it possible for the process of sovereign industrialization to proceed.

The dollars at the FONDEN have been reserved to finance strategic development plans in such sectors as basic industries, oil, gas, physical infrastructure, transportation, and housing.  Within these outlines, new companies are being created and new projects are unfolding like the new Venezuelan iron-and-steel plan for the production of special steels, a factory of “seamless” oil tubes, three new oil refineries, ten sawmills, plants to produce cement, plants to improve iron ore, factories to produce aluminum sheets, plants to produce pulp and paper, and many others.  In addition to that, the Inter-American Development Bank recently approved a credit of 750 million dollars for the construction of the hydroelectric power plant at Tocoma.  Altogether, just by itself, the national power system will receive investments that approach 3 billion dollars in 2006.

All these plans have been directed by the Venezuelan government, which will control at least 51 percent of these initiatives, although many will involve strategic associations with other countries or private — national or foreign — investors.  The goal is to strengthen international relations, especially with other nations in Latin America, with China, Spain, India, Iran, and Italy, in the spirit of building an Alternativa Bolivariana para la América (ALBA) and contributing to creating a multi-polar world.  Instances of this are the recent initiative to build the oil refinery Abreu e Lima, in the Brazilian state of Pernambuco, agreed between PDVSA and Petrobrás; the agreements with Argentina to build oil tankers at the Santiago River shipyards; and the bi-national tractor factory Venirán Tractor, with the government of Iran, which has already turned out its first 400 units.

The government initiatives to join forces with national entrepreneurs are many, looking to reactivate the industrial and agricultural apparatus.  The goal is not solely the economic recovery, but the creation of bases to abandon the rentier model, sustained by raw oil wealth, and to establish a new productive, endogenous model, with internal dynamics and life, able to guarantee economic growth and national development.  In March of 2005, the ministry of basic industries and mining (MIBAM) was created, commissioned to build the bases for a sovereign process of industrialization.

NEW THREATS AND ATTEMPTS AT DESTABILIZATION

A recent note published in the Venezuelan newspaper El Universal, under the headline “The Economic Recession Looms,” is quite enlightening.  The note says: “the Venezuelan economy is showing the first signs of an imminent recession, due to the stagnation in the non-oil sector.”  This is the exact opposite of what the statistics show — as I have tried to explain.

The anti-national sectors that brought us the bosses’ lockout, the coup d’etat, the oil sabotage, and the continuous conspiracies against the country are back at it.  This is a reaction against the inroads made in the profound process of economic and social transformation the country is undergoing, the progress in income redistribution and social inclusion, which had very positive effects in the economic activities and the country’s political life during 2005.  The initiatives of the government to extend a hand to the nationalist entrepreneurs show the will to seek unity in working to activate industry and agriculture, creating jobs and fostering the endogenous development.  In addition to this, Venezuela is expanding its international relations with important countries and has made effective its membership to MERCOSUR.

All the predictions are that, in 2006, the Venezuelan economy will grow at nearly 6 percent, with parallel advances in an array of economic and social indicators.  This is the best moment the Chávez government has had since it was inaugurated and, with the president’s proposition to advance towards the “Socialism of the XXI Century,” the stage is set for a process of even more intense structural changes in the outlook.  The next presidential elections will take place in December, this year, and the prospects of another victory for the Bolivarian forces has disturbed the White House and its domestic allies.  It is possible that, in its increasing isolation, the Bush administration will again resort to violence to disrupt democratic and popular governments.  On the other hand, as it has happened before, the actions orchestrated by the U.S. government will meet the resistance of the Venezuelan people, and each aggression will only increase their consciousness and reinforce their participative and protagonistic democracy.


Luciano Wexell Severo is a Brazilian economist.  This article was originally published in Spanish by Rebelión on 12 March 2006.  The English translation was provided by Julio Huato.